datos de las manos que teclean

Cómo el cerdo perdió las plumas

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No hace mucho tiempo, apenas la gente miraba para arriba podía ver uno o dos chanchos volando, hermosos, con suaves plumas resplandecientes que reflejaban los rayos del sol. Y había cerdos de todos colores: verdes, rojos, amarillos… Era un placer mirar el cielo y verlos desplazarse entre las nubes espumosas, detenerse en la copa de algún árbol o bajar en picada para zamparse alguna mojarrita o sardina distraída, de esas que nadan bien cerca de la superficie en los ríos. Es que en aquella época los cerdos emplumados no estaban casi extinguidos como ahora.

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El problema empezó el día en que unos hombres de Patraña se pusieron de acuerdo con otros de Farsópolis y dejaron correr el rumor de que no existía mejor cura para el insomnio que dormir apoyando la cabeza en un almohadón de plumas de cerdo. Nada de lana, ni de goma espuma, ni de plumas de nada que no sea de chancho. Y como en Trengania mucha gente padecía el síndrome de la falta de sueño, la idea de remediar el problema con plumas de lechón parecía una mágica solución al problema. En menos de un mes había fábricas de almohadas por todos lados. Y a cambio de un sueño reparador, nadie dudó un segundo en perjudicar a los pobres cerdos.

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Nadie mata una oveja para esquilarle la lana, y en realidad se procedía manera similar con los chanchos. Pero hay que ver lo complicado que resulta para cualquier cerdo volar sin plumas, y ni hablar del problema de pasar el invierno tiritando de frío. Además, acostumbrados a anidar sobre los árboles, de repente no tuvieron dónde empollar las crías. Durante un tiempo intentaron disimular los huevos entre los de gansos y gallinas, pero el plan no resultó, porque los dueños de las granjas se daban cuenta. Es que los huevos de esta especie son azules y tienen pintitas negras, por lo que era muy fácil descubrirlos entre los blancos y colorados de las aves del corral. No les quedó más remedio que dejar de poner huevos, y con el tiempo empezaron a parir sus crías, como los mamíferos.

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Por otra parte, quedarse sin plumas también dificultó muchísimo las posibilidades de alimentarse para la especie. Es sabido que a los cerdos emplumados no les gusta revolcarse en el barro, ni comer basura o porquerías como a los chanchos comunes. Lo único que comen son peces, pero como odian el agua y no les gusta mojarse, los cazan desde arriba, bajando en picada como el martín pescador o las gaviotas. Claro que sin las plumas tuvieron que ir acostumbrándose a comer otras cosas. Al principio se embarraban buscando algo de alimento entre las escamas, las cabezas o los espinazos que los pescadores olvidaban en la orilla. Desplumados, el lodo dejó de ser para ellos una cosa tan repugnante, e incluso descubrieron que las costras barrosas los protegían un poco del frío. Después dejaron de buscar restos de pescado y empezaron a comer un poco de todo, conformándose con lo que encontraban. Para ese entonces, ya era casi imposible encontrar un cerdo con plumas en Trengania. A los pocos que había se las sacaban para hacer almohadas y ya no les volvían a crecer. Y lamentablemente los nuevos chanchos comenzaban a nacer con pelos, como los que pueden verse hoy en día en cualquier parte del mundo.

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Todavía existen algunos cerdos emplumados en Trengania. Entre otros Plumancho, la mascota oficial de la Reserva de Oasis. Pero quedan muy pocos ejemplares de la especie y últimamente no se han tenido noticias de que nadie haya visto chanchos volando por ningún lado. Las fábricas de almohadones porcinos cerraron por quiebra y las pocas almohadas hechas con plumas de chancho que quedan cuestan una fortuna. Actualmente, los sobrevivientes de la especie están protegidos por una ley que prohíbe quitarles las plumas, y aunque los expertos dudan que puedan llegar a reproducirse de nuevo, acá en Oasis no perdemos la esperanza de volver a escuchar algún día el melodioso canto de los cerdos emplumados revoloteando entre las copas de los árboles.

dijo W. BENJAMIN sobre las traducciones

"Así como el tono y la significación de las grandes obras literarias se modifican por completo con el paso de los siglos, también evoluciona la lengua materna del traductor. Es más: mientras la palabra del escritor sobrevive en el idioma de éste, la mejor traducción está destinada a diluirse una y otra vez en el desarrollo de su propia lengua y a perecer como consecuencia de esta evolución."

de Walter Benjamin, "La tarea del traductor", en Angelus Novus, trad. de H. A. Murena, Barcelona, Edhasa, 1971, pp. 127-143.


dijo BORGES sobre las traducciones

¿A qué pasar de un idioma a otro? Es sabido que el Martín Fierro empieza con estas rituales palabras: "Aquí me pongo a cantar - al compás de la vigüela." Traduzcamos con prolija literalidad: "En el mismo lugar donde me encuentro, estoy empezando a cantar con guitarra", y con altisonante perífrasis: "Aquí, en la fraternidad de mi guitarra, empiezo a cantar", y armemos luego una documentada polémica para averiguar cuál de las dos versiones es peor. La primera, ¡tan ridícula y cachacienta!, es casi literal.

Jorge Luis Borges, La Prensa, Buenos Aires, 1 de agosto de 1926.