datos de las manos que teclean

Voces Astilladas

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La incisión abre el poro de la página –nunca– en blanco y la opacidad del bostezo hidrata la tinta coagulada en los márgenes. Se trata de juntar las palabras desgajadas sin cesar de los labios de la gente. Simplemente eso, y nada menos. Cazarlas al vuelo, no dejarlas caer, sacudirles el polvo y soltarlas al azar sobre el papel, para verlas recortarse en otro fondo. Agazapar los oídos detrás de las cortinas, renunciar al zarpazo y dejarse salpicar por el reguero de relatos que el sol pegotea sobre el vidrio.
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¿No pregunta por la madre, la nena...? Y, no... a lo mejor más adelante... Un rugoso silencio de pasos enredado entre las hojas de acacia. El yo poético adentro, escuchando ese crujir de hojas o de huesos que se aleja. El motor de un auto avanza a regañadientes. La madre muerta, tal vez, nunca se sabe. Y la nena no pregunta. Una cuadra de distancia.
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Ignorante, el yo poético acá adentro, con la oreja y la nariz pegada al vidrio, oteando en la penumbra de un silencio que ya no camina. Muerta la pregunta, la historia se detiene.
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El relato se construye entre los restos astillados del espejo.
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La palabra es otra cosa. Las ventanas no respiran.

dijo W. BENJAMIN sobre las traducciones

"Así como el tono y la significación de las grandes obras literarias se modifican por completo con el paso de los siglos, también evoluciona la lengua materna del traductor. Es más: mientras la palabra del escritor sobrevive en el idioma de éste, la mejor traducción está destinada a diluirse una y otra vez en el desarrollo de su propia lengua y a perecer como consecuencia de esta evolución."

de Walter Benjamin, "La tarea del traductor", en Angelus Novus, trad. de H. A. Murena, Barcelona, Edhasa, 1971, pp. 127-143.


dijo BORGES sobre las traducciones

¿A qué pasar de un idioma a otro? Es sabido que el Martín Fierro empieza con estas rituales palabras: "Aquí me pongo a cantar - al compás de la vigüela." Traduzcamos con prolija literalidad: "En el mismo lugar donde me encuentro, estoy empezando a cantar con guitarra", y con altisonante perífrasis: "Aquí, en la fraternidad de mi guitarra, empiezo a cantar", y armemos luego una documentada polémica para averiguar cuál de las dos versiones es peor. La primera, ¡tan ridícula y cachacienta!, es casi literal.

Jorge Luis Borges, La Prensa, Buenos Aires, 1 de agosto de 1926.