datos de las manos que teclean

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Imágenes I

  Bajo el finísimo manto de polvo,
  el relato verde Falcon.
  Tan obsceno.
  Tan real.

 

alter idem

buscándonos en palabras ajenas
así vamos por la vida
repitiendo
traduciendo
como ecos

Los dragones

    no
    Joaquín
    si volvieran
    serían sólo serpientes
    a lo sumo un destello de escamas
    pinceladas de verde
    sin fuego
    sin alas


Confusión

mamá,
vení a la cama con vos

¿conmigo?
...................(pregunto)

no,
mamá,
conmigo no
con vos

Omnipotencia

descubriste
fascinado
que el control remoto del autito nuevo
era el comando a distancia del gato

Accidente

el auto avanza
veloz
entre el mate amargo y el termo verde

sigue
la línea del lápiz
bordea
el nokia mil cien
frena
sobre las vías
.
entonces tu mano
encarrila el tren
.
y el choque
....................inminente
se anticipa
...................cómplice
...................................en sonrisa

dijo W. BENJAMIN sobre las traducciones

"Así como el tono y la significación de las grandes obras literarias se modifican por completo con el paso de los siglos, también evoluciona la lengua materna del traductor. Es más: mientras la palabra del escritor sobrevive en el idioma de éste, la mejor traducción está destinada a diluirse una y otra vez en el desarrollo de su propia lengua y a perecer como consecuencia de esta evolución."

de Walter Benjamin, "La tarea del traductor", en Angelus Novus, trad. de H. A. Murena, Barcelona, Edhasa, 1971, pp. 127-143.


dijo BORGES sobre las traducciones

¿A qué pasar de un idioma a otro? Es sabido que el Martín Fierro empieza con estas rituales palabras: "Aquí me pongo a cantar - al compás de la vigüela." Traduzcamos con prolija literalidad: "En el mismo lugar donde me encuentro, estoy empezando a cantar con guitarra", y con altisonante perífrasis: "Aquí, en la fraternidad de mi guitarra, empiezo a cantar", y armemos luego una documentada polémica para averiguar cuál de las dos versiones es peor. La primera, ¡tan ridícula y cachacienta!, es casi literal.

Jorge Luis Borges, La Prensa, Buenos Aires, 1 de agosto de 1926.