datos de las manos que teclean

Si, como el griego afirma en el Cratilo...

Como espejitos de colores, trajeron a nuestramérica las mismas palabras que, siglos después, ayudarían a conjurar la masacre perpetrada. Una de ellas, en particular, llegó siendo ya casi un objeto. El hombre armado que bajó del barco se la había escuchado decir a una francesa, que la había aprendido de un persa, al que se la había enseñado una mujer árabe, tras oirla, alguna vez, de un griego, en Bizancio. Los sujetos, las naciones son metáforas, las lenguas, en cambio, siempre han sido cosas más concretas. Más significante que significado, más referente que signo, el decurso etimológico de aquella palabra, "talismán", la trajo a nuestras costas apretada entre los dedos y los labios, en bolsillos y en gargantas, superticiosa e idólatra, como espejo para el mundo de los dioses, las mujeres y los hombres aplastados por la cruz. Bajaron de los barcos con crucifijos y talismanes, con silencios de colores y espejitos de palabras.


dijo W. BENJAMIN sobre las traducciones

"Así como el tono y la significación de las grandes obras literarias se modifican por completo con el paso de los siglos, también evoluciona la lengua materna del traductor. Es más: mientras la palabra del escritor sobrevive en el idioma de éste, la mejor traducción está destinada a diluirse una y otra vez en el desarrollo de su propia lengua y a perecer como consecuencia de esta evolución."

de Walter Benjamin, "La tarea del traductor", en Angelus Novus, trad. de H. A. Murena, Barcelona, Edhasa, 1971, pp. 127-143.


dijo BORGES sobre las traducciones

¿A qué pasar de un idioma a otro? Es sabido que el Martín Fierro empieza con estas rituales palabras: "Aquí me pongo a cantar - al compás de la vigüela." Traduzcamos con prolija literalidad: "En el mismo lugar donde me encuentro, estoy empezando a cantar con guitarra", y con altisonante perífrasis: "Aquí, en la fraternidad de mi guitarra, empiezo a cantar", y armemos luego una documentada polémica para averiguar cuál de las dos versiones es peor. La primera, ¡tan ridícula y cachacienta!, es casi literal.

Jorge Luis Borges, La Prensa, Buenos Aires, 1 de agosto de 1926.